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Pues aquí estoy porque he venido.

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Dentro de unas horas es mi cumpleaños y estoy en ese punto de la vida que no sabes si alegrarte, consolarte o deprimirte por cumplir años. Cierto es, que siempre me hace ilusión la celebración, pero… tengo que contar algo que hace no mucho conté a alguien con un pez llamado Stitch y parece que le resultó curioso.

Cuando tenía 2 años estaba deseando cumplir años para poder tener 3 años.

Cuando tuve 3 años fui feliz como una perdiz.

Cuando cumplí 4 años quería volver a tener 3 años.

Cuando cumpí 5 años quería volver a tener 3 años.

y no voy a repetirlo más porque creo que lo habéis entendido.

Aquí vino mi primer momento de depresión.

Pero no fue el único.

El drama continuó cuando cumplí 10 años. Me di cuenta de que jamás volvería a tener una única cifra como edad en toda mi vida y que hasta los 100 no tornaría a las 3 cifras. (Vaya estupideces pensaba Natalia cuando tenía 10 años diréis, y estaréis en lo cierto). Pero creo que siempre he tenido un lado oscuro yacente en mí a pesar de ser la alegría de la huerta en un 78% de los casos (78 de cada 100 personas pensaron que era la mar de guay cuando hicieron la encuesta #5678). Pero volviendo a mi lado oscuro… me refiero a la siguiente anécdota: “Un soleado día en la playa, con mi familia, disfrutando de un día de esos memorables en los que juegas con una colchoneta en las olas y te lo pasas pipa de girasol. Natalia-de-diez-años comienza a llorar. Su madre le pregunta: -pero hija, ¿qué te pasa?. Natalia-de-diez-años le explica que tiene mucho miedo. Que todos vamos a morir. Que no hay nada después. Todo será oscuro y negro. Natalia dejará de existir para siempre y no podrá volver a sentir nada, ni alegría, ni dolor, ni pena, ni hambre… no habrá más días como ese ni ningún otro. TODOS VAMOS A MORIR. Mamá-Pili le dice que es tonta y que deje de llorar, que vuelva a jugar y no se preocupe por esas cosas. Pero Natalia-de-26-casi-27-años sigue sin querer pensar en ello porque se le arruga el estómago.”

Y la gente pensará… pues vaya mierda de historia. Y tendrá razón.

Y la gente pensará… pues vaya forma de celebrar el cumpleaños, recordando historias de depresión infantil. Pues… sí, pero no sé cómo he acabado hablando de eso.

Lo que quiero decir, es que sí. Me alegro de estar viva un año más y ser feliz, guardar buenos recuerdos, raros, malos… Y me hace ilusión tener mi día especial al año. Pero a la vez me siento más viejuna-pistuna.

Ahora mantengo miedos de siempre, sobre todo este: ¿Qué voy a ser de mayor? Más o menos estoy encaminada, pero aún me falta centrarme para elegir un camino. Siempre me ha gustado aprender de todo y hacer de todo. Pero supongo que sólo me quedan 3 años para aprender a tocar el Violoncello y ser rubia* (Esto pertenece a otro pensamiento/decisión infantil extraño/a)

De momento sigo formándome (profesional y académicamente…) y soy morena.

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